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“Buen viaje, sodomitas”, el polémico vídeo para echar a los gays de Rusia

Un canal de televisión ruso que se ofrece a pagar el vuelo -sólo de ida- para los gays dispuestos a emigrar del paísEl vídeo que han compartido en las redes sociales se titula ‘Buen viaje, sodomitas’.

Pulsa en la imagen para ver el vídeo

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Ayer hablé con el presentador de programa y se quejó de que había recibido muchos insultos. Algunas veces hay asombros que me asombran.

Sólo hay que presentar, dicen en el programa, un “certificado médico” que demuestre que eres “sodomita” o tienes “alguna otra forma de perversión”. En sintonía con los sectores más conservadores de la sociedad rusa, esta televisión considera la homosexualidad una enfermedad.

“Rusia es una sociedad conservadora y cristiana en su mayoría, esta gente quiere vivir en un espacio disoluto, por eso nos decidimos a hacer esto, sin ningún odio, porque hay que amar al pecador y odiar el pecado”. Andrei Afanasiev

Así que: puerta. Las mayorías agresivas son así.

Sin embargo, los “sodomitas” y “desviados” que la ley antigay rusa quería ‘enterrar’ han infligido su primera derrota a la ultraconservadora mayoría legislativa del país. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) condenó la semana pasada a Rusia por discriminación y vulneración de la libertad de expresión por la llamada “ley de propaganda gay”, que prohíbe la “promoción” de la homosexualidad. Los gays rusos con los que he hablado dicen que nada va a cambiar.

En el sur de la Federación de Rusia los gays son cazados y torturados mientras Moscú mira para otro lado. Esta vez los castigos no vienen de grupos de gamberros o radicales descontrolados. Según ha publicado un periódico ruso, es el Gobierno checheno -protegido y financiado por el Kremlin- el que está llevando a cabo esta “limpieza” con la pasividad cómplice de la población local. Aquí más sobre aquella historia. 

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Algunas cosas que Kiev podría aprender de Eurovisión (y de Mitterrand)

Ucrania ha impuesto  nuevas sanciones a Rusia por apoyar a los rebeldes separatistas del este ucraniano. Kiev va a bloquear el acceso en su territorio a páginas y servicios de internet muy populares impulsados por empresas rusas, como VK, la versión rusa de Facebook, que tiene 15 millones de usuarios ucranianos.

Creo que estamos siendo muy blandos con un nacionalismo ucraniano cada vez más liberticida y que apesta a sobaco.

También se ven afectadas la red Odnoklassniki y el portal Mail.ru, equivalente al Hotmail occidental y con 26 millones de usuarios en Ucrania. Se da la circunstancia de que el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, es un usuario habitual de algunos de estos servicios. La medida tiene una duración de tres años, pero hoy VK -la segunda web más popular en Ucrania después de Google– seguía funcionando en Kiev.

Que Sberbank controle Yandex o que Pavel Durov (creador de VK) tuviese que dejar la empresa no justifican el hecho de que se vete VK y el resto de servicios, donde además el contenido es aportado fundamentalmente por el usuario. VK es de hecho “demasiado libre”: música y pelis piratas, pornografía infantil, ejecuciones y mensajes extremistas… Es un Facebook sin domesticar, con lo bueno y malo que implica.

No son servicios sin tacha. No son empresas sin tacha. Pero la gente debe elegir.

Me toca escribir la crónica recién llegado de Kiev, donde he estado cubriendo Eurovisión, un concurso empalagoso pero que podría servir para inspirar una sociedad más abierta, y de ese modo más fuerte. Combatiendo en lo fundamental, y siendo generoso con lo accesorio. Cumpliendo las mismas reglas que exigimos que cumplan con nosotros.

Lecciones que ha olvidado tantas veces el nacionalismo periférico en España: una piedra en la que no hay que tropezar.

También se ha prohibido en Ucrania la cinta de San Jorge, un símbolo patriótico con el que Rusia quiso jugar en Crimea y Donbás. Ahora Kiev pica y lo eleva a los altares de la clandestinidad.

La injustificable injerencia rusa en el este de Ucrania no debería conducir a Kiev a imitar simiescamente las peores prácticas soviéticas.

El Gobierno ucraniano sigue adelante con un implacable proceso de ‘borrado’ de todas las huellas de influencia rusa en su territorio. Desde que Rusia se anexionó la península de Crimea en 2014 se han prohibido algunas películas rusas, también libros y otros bienes llegados de ese país. Se ha restringido la actividad de filiales de bancos rusos, que además han sido objeto de vandalismo por parte de grupos ultranacionalistas.

El espacio aéreo ucraniano sigue vetado para las compañías rusas, por lo que Rusia también cerró el suyo a los aviones ucranianos. Como resultado, ya no se puede volar directamente entre Kiev y Moscú, un ‘puente aéreo’ muy importante en el pasado pues a ambos países les unen lazos históricos, económicos y hasta familiares.

Kiev trata ahora de expandir el uso del ucraniano pese a que el ruso ha sido siempre empleado por buena parte de la población. Los símbolos soviéticos han sido prohibidos y se ha impedido al Partido Comunista presentarse a las elecciones.

Al “comprender” algunas cosas estamos facilitando las siguientes, y esa es una práctica que ha traído grandes desastres en Europa.

Recordemos a Mitterrand ante el Parlamento Europeo en 1995. Aquel famoso discurso: “El nacionalismo es la guerra”

“Hay que vencer los prejuicios. Lo que les pido es acaso imposible, pues nos obliga a superar nuestra historia y, sin embargo, si no la superamos, señoras y señores, se impondrá una regla: ¡El nacionalismo es la guerra! La guerra no es sólo el pasado, puede ser nuestro futuro. ¡Y ahora son ustedes, señoras y señores diputados, los guardianes de nuestra paz, de nuestra seguridad y de ese futuro!”

Es tarde para decirlo, pero ojo con el odio.

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“The two most powerful warriors are patience and time”. Lev Tolstoy

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13.04.2017

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Anatoly Cherniaev. Adiós a la ‘sombra’ de Gorbachov 

a14e195d126fbc85d3b0d821b1aeafc5Anatoly Cherniaev estaba acostumbrado a que le llamasen el ‘alter ego’ de Mijail Gorbachov. Fue su asesor de política exterior durante los años convulsos de 1985 a 1991, en muchos momentos en los que el líder soviético estaba más solo que nunca. 

El experimento modernizador, que además de abordar la política exterior se centró en el plano político y económico, no llegó a buen puerto. Pero lo cierto es que Cherniaev jugó un papel central en el  intento de modernizar la Unión Soviética. Decían que todas las iniciativas de la política exterior puestas en marcha por Gorbachov en los años 1986 a 1991 llevan la marca de Cherniaev. De hecho fue la Fundación Gorbachov la que anunció su muerte. 

Historiador y escritor, profundo analista de pelo blanco, Anatoly Sergeyevich Cherniaev nació en una familia aristocrática rusa el 26 de mayo de 1921, mientras en su país se libraba la guerra civil que siguió a la toma del poder bolchevique. Su abuelo había sido un general en el ejército zarista. Su camino, en cambio, se dirigió pronto hacia la ideología oficial de su época: el comunismo. 

Tras luchar en la Segunda Guerra Mundial, Cherniaev estudió Historia en la Universidad Estatal de Moscú, donde enseñó historia contemporánea de 1950 a 1958. En 1961 se incorporó al Departamento Internacional del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde se convirtió en un destacado analista. Entre 1958 y 1961 estuvo destinado en Praga, donde le influyeron los intelectuales soviéticos más reformistas. Tal vez por eso años después Gorbachov vería en él un buen cómplice para su  Glasnost -su nueva política de apertura- y la Perestroika, el último intento de modernizar la URSS. 

Cherniaev fue un pararrayos de ideas, vivencias y lecturas. Empezó como  asesor de política exterior del  Gorbachov en 1986 y continuó aconsejando a su líder  durante años. Ambos hombres están muy próximos. Cherniaev estaba con Gorbachov en su casa de vacaciones durante el golpe contra él en 1991, también  cuando renunció al final de ese año. No sólo estuvo en los momentos malos. Vivió episodios históricos muy de cerca: estuvo al lado de Gorbachov en las reuniones cumbre con el presidente Ronald Reagan y Margaret Thatcher de Gran Bretaña, cuando la ‘línea dura’ soviética hacia aspavientos ante las posibles concesiones a Occidente.  

Sus escritos han enriquecido los estudios sobre la URSS. En 2004, Cherniaev donó sus diarios de la época de Gorbachov al Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washingto24chernyaev-obit-2-superjumbo-205x300n, que los publicado parcialmente en inglés. Tras años de tensiones con Occidente en plena Guerra Fría, su llegada permitió un acercamiento progresivo entre el Este y el Oeste. De eso tratan algunos de los seis libros que escribió, además de incontables artículos de análisis. “Con la caída del muro de Berlín quedó claro que el proceso era irreversible”, recordaba Chernyaev a los 95 años. Según él, las relaciones entre Gorbachov y George Bush se convirtieron rápidamente en “personales, incluso amistosas”. Según su entorno, en sus últimos años estaba muy desilusionado con la reciente deriva revanchista de Rusia bajo el presidente Vladimir Putin. Tenía la sensación de que se estaba echando por tierra todo lo que Gorbachov y él, con la ayuda de otros, habían intentado construir.

Cherniaev estuvo casado durante 47 años con Genya Vaynberg, que murió en 2005. Le sobreviven su hija, Anna Chernyaeva, y su pareja, Liudmila Rudakova.

Anatoly Sergeivitch Cherniaev (26 mayo 1921 – 13 marzo 2017)


Éste es un extracto del obituario publicado ayer martes 4 de abril de 2017 en EL MUNDO. 

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Aunque los terroristas traten de amargarnos la vida, el metro siempre será un lugar para hacer un montón de cosas. Incluido soñar.

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04.04.2017

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“Los árboles nos juzgan. Todo grita pero el grito está hecho de silencio”. Y.Yevtushenko

Obit Yevgeny Yevtushenko

El poeta ruso Yevgueni Yevtushenko falleció ayer a los 85 años en Estados Unidos por un problema cardiaco.

Nacido en 1932 en el pueblo siberiano de Zima, publicó su primer poema en 1949 en el diario soviético Soviétski Sport, y unos años después se convirtió en el miembro más joven de la Unión de Escritores de la URSS, tal y como cuenta el puntual teletipo de Efe. En su momento de mayor fama, Yevtushenko leyó su obra en estadios de fútbol. Hasta 200,000 personas en 1991 que acudieron a escucharlo durante un fallido intento de golpe de Estado en Rusia.

Su poesía abordó episodios dolorosos de la historia del país, como el antisemitismo (Babi Yar, 1961).

El año pasado me tocó escribir sobre Babi Yar, el barranco que se tragó a 50.000 judíos. Recuerdo bajar por el terraplén a las afueras de Kiev, el recuerdo macabro todavía chispeante. 

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El 26 de septiembre los nazis decidieron exterminar a la población judía de Kiev. Más de 33.000 personas fueron asesinadas en dos días. Eran llevados al borde del barranco y asesinados.

El relieve del barranco de Babi Yar aportaba una solución perfecta. Les conducirían hasta el punto exacto donde los iban a matar y les ordenaban quitarse la ropa

Ucrania y otros territorios soviéticos fueron el ‘laboratorio’ de la Solución Final. Como sabiamente tituló Javier Redondo en ‘La Aventura de la Historia’, Babi Yar fue “la trastienda del Holocausto”.

Un horror.

Eran obligados a cavar su propia tumba. Debían ir acostándose desnudos sobre los cadáveres fusilados anteriormente pero en sentido contrario. Muchos de los soldados nazis estaban medio borrachos para poder cumplir así su lúgubre tarea: matar a sangre fría a civiles indefensos.

Hasta la liberación de Kiev por el Ejército rojo, en noviembre de 1943, unos 200.000 murieron en Babi Yar y sus alrededores. Moscú siempre evito dar una dimensión antisemita de la matanza. Pero este poema, titulado precisamente ‘Babi Yar’ y escrito por Yevgeny Yevtushenko, denunció en 1961 que las autoridades estaban mirando para otro lado mientras la generación que lo había vivido se hacía vieja rumiando en silencio.

Babi Yar

por Yevgeny Yevtushenko

“… Y en torno a Babi Yar suena la hierba que ha crecido salvaje desde entonces. Los árboles nos juzgan. Todo grita pero el grito está hecho de silencio. Al descubrirme observo mi cabello. También ha encanecido. También grito por los miles de muertos inocentes masacrados aquí. En cada anciano y en cada niño al que mataron muero…”

A Yevtushenko no le gustaba calificar esto como poesía política, la consideraba poesía de los derechos humanos, algo defiende la conciencia humana como el mayor valor espiritual”, dijo siempre Yevtushenko.

Dicen que un poeta en Rusia es más que un poeta.

Después de este famoso poema sobre Babi Yar llegaría Dimitri Shostakovich con su 13ª sinfonía, una pieza musical que, usando esa misma poesía, estaba consagrada a inmortalizar esa tragedia.

Se escuchó por primera vez en Moscú en 1962. Tanto Yevtushenko como Shostakovich fueron reprendidos por las autoridades soviéticas por su “cosmopolitismo”. El gobierno de la URSS erigió por fin un monumento en 1976 para recordar a “los ciudadanos soviéticos” que perdieron sus vidas. Hubo que esperar a 1991 para que se recordase allí, medio siglo después de la tragedia, la masacre de judíos.

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