La policía rusa detuvo domingo por la mañana a más de 800 personas, entre los que figura el opositor Alexei Navalny, en el transcurso de una manifestación contra la corrupción en las calles del centro de Moscú. La protesta, que no estaba autorizada por el ayuntamiento, había sido calificada de “provocación” por el Kremlin.

 

Más gente que otras veces, muchos estudiantes y menos miedo a la policía. He visto más detenciones arbitrarias que violencia. Pero sobre todo me quedo con la abuela de la última foto, que se puso a aleccionar a los antidisturbios cómo deben comportarse “teniendo en cuenta que están ustedes delante de la estatua de Pushkin”. 

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La abuela que quería que los antidisturbios leyesen a Pushkin

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La muerte es el final, pero a veces está muy al principio

darina

Maldita sea su estampa. No sé todavía de quién, pero maldito sea el culpable de esto.

Es lo que pensaba el domingo mientras escribía la historia de ‘la niña de espaldas’, una pequeña de 10 meses que observa los aviones apoyada en el cristal del aeropuerto de Pulkovo (San Petersburgo). Aparece retratada en una foto que ha dado la vuelta al mundo.

En Rusia es un himno al dolor.

La pequeña se llamaba Darina Gromova y la foto la tomó su madre, Tatiana, hace dos semanas, minutos antes de embarcar a unas vacaciones inolvidables en Egipto. Pero jamás regresaron, ambas murieron al estrellarse su aparato sobre la Península del Sinaí en el vuelo de vuelta. Tras saberse que el avión se partió en el aire, las fotos de las víctimas que están emergiendo en las redes sociales pueden cobrar un perfil especial si se probase que ha sido un atentado terrorista de una filial del Estado Islámico, el grupo armado al que Vladimir Putin declaró la guerra el 30 de septiembre con bombardeos en suelo sirio.

“Pasajera vip #DarinaGromova”, escribió su madre al colgar la foto en la red social VKontakte, la más popular del país, aquel feliz 15 de octubre. La imagen todavía está subida en el perfil de Tatiana, que posa feliz junto a su pareja (Alexei, también fallecido en el siniestro).

La historia completa para EL MUNDO aquí.

Hasta aquí el lamento. Ahora la pregunta necesaria tras cada drama: ¿Quién ha sido? No hay respuestas, sólo titulares. Y por el momento éste es el que está vigente:

La compañía aérea rusa dice que el avión se estrelló a causa de un factor externo

Pero… ¡otra vez pero!… En Egipto, fuentes cercanas a la investigación del accidente han proporcionado una versión enfrentada a la divulgada por Kogalimavia. Un miembro del comité encargado de analizar las cajas negras ha asegurado en declaraciones a Reuters que el avión no recibió un impacto desde el exterior. Sin embargo, ha rehusado proporcionar más detalles del examen aún preliminar de las cajas negras que llevan a cabo expertos egipcio, rusos y franceses en El Cairo. Comparte con la aerolínea la afirmación de que el piloto no hizo una llamada de emergencia antes de que el aparato desapareciera del radar.

Los diversos escenarios los ha explicado desde El Cairo Francisco Carrión en una pieza muy útil para entender qué ha podido pasar: Las tres hipótesis de la tragedia del avión ruso

¿Y qué está pasando en Rusia mientras tanto? Resumiendo, tres cosas:

  1. Que la compañía dice que fue un factor externo (eso lo ha dicho hoy, un día después de que la autoridad aérea rusa dijese además que se partió en el aire)
  2. Los problemas de la compañía, tanto salariales (no parece que afectasen) como técnicos (primero la queja de la viuda del copiloto por las malas condiciones, luego la historia de que el aparato sufrió un desperfecto en un vuelo anterior)
  3. Putin pidiendo objetividad (lo mismo que hizo con el MH17 aún caliente, por cierto)

Para esclarecer el caso, estos tres ingredientes no valen. Y Rusia necesita una respuesta sobre qué ha pasado. La imagen de la peque contemplando de manera tan inocente unos aviones la vamos a tener atragantada mucho tiempo. La muerte no es más que el final, pero no puede aguardar tan al principio.

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Putin lo peta

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Lo bueno de ser corresponsal es que te despierta cada día una mujer distinta. Hasta ahí la leyenda, porque la realidad es que el codazo suele ser cibernético: un zumbido en el móvil junto a la almohada y el día comienza con una compañera del periódico avisándote de que algo sucede “en tu negociado”. No suele fallar: si no es la guerra, es el presidente. Y algunas veces son las dos cosas.

El líder sirio, Bashar Asad, y el ruso, Vladimir Putin, se dieron la mano en Moscú el martes por la noche. Les hemos visto en las fotos y hemos escuchado al Kremlin hablar de la reunión. Justo después han llegado las encuestas del mes, con un récord: 89,9% de apoyo para Putin. Son buenas cifras, incluso para Putin, que nunca las ha tenido malas.

Cuando los rusos se enteraron de que volvía al Kremlin, la ‘marca Vladimir’ cayó bastante: hasta un 58,8% en 2012. Es aun así un porcentaje muy alto para Mariano Rajoy, pero Rusia no se gobierna con apoyo popular sino con “estupor y temblores” de la élite hacia el que manda. ‘Estupor y temblores’ le suena a mucha gente porque ese el título de una novela de Amélie Nothomb. Resulta que así es como el emperador de Japón exigía que sus súbditos se presentaran ante él. A Putin no le gustan las reverencias: una vez regañó con la mirada a un líder religioso cuando fue a inclinarse. Pero el sistema ahora mismo está hecho para tener un líder fuerte y un montón de gente preocupada alrededor. Suena primitivo pero es eso o el caos.

La reunión de esta semana encierra muchas cosas además de ser la guinda a la imagen de Putin. Entre ellas algunas similitudes con la guerra de Ucrania, aquella que no había que ganar ni perder, sino más bien evitar que ganase Kiev y forzar una negociación como la que se persigue ahora en Siria. Lo he explicado en este artículo publicado hoy en elmundo.es: La guerra en Siria lleva a Putin al cielo. 

Sí, Putin lo está petando en popularidad y sus camisetas de la guerra también. Estuve fisgando en la famosa boutique donde venden con todo desparpajo las camisetas pro Asad.

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La dependienta se pegó a mi culo como si aquello fuese una tienda de chinos. Lo más friki, los muñequitos conmemorando la anexión de Crimea. Confieso que hace tiempo que regalaron uno y lo tengo presidiendo encima del televisor, ese artilugio que no enciendo casi nunca porque cuanto más habla más dudo de que contenga una noticia digna de tal nombre.

El soldadito me vigila y yo lo vigilo a él. Y no se me ocurre mejor metáfora de cómo están las cosas a estas alturas.

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