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Karímov, el equilibrista eterno de Uzbekistán

El lema de su país es: “Uzbekistán para siempre”. Y bien podría aplicarse esta idea a Islam Karímov: estuvo en el poder 27 años. Fue un 24 de marzo de 1990 cuando fue elegido presidente de la República Socialista Soviética de Uzbekistán en una sesión del Soviet Supremo de Uzbekistán. Buena parte de la población no recuerda otro hombre al timón. La élite del país, dividida en tribus, trata de imaginar ahora cómo convivir sin él.

Islam Karímov nació el 30 de enero de 1938 en Samarcanda, la segunda ciudad más grande de Uzbekistán, después de la capital, Taskent. Para algunos analistas Karímov fue un equilibrista: moldeó un régimen secular en un país musulmán, cooperó con el ejército de EEUU pese a ser una ex república soviética y cuidó sus relaciones con Moscú a pesar de que siempre desconfió de los proyectos de grandeza de Vladimir Putin. Su frustración es haberse visto siempre eclipsado por el líder kazajo, Nursultán Nazarbáyev, como el gran alfil de Asia Central.

En 1989 ocupó el cargo de primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Uzbekistán. Eran tiempos turbulentos, pero la lealtad no se marchitó: otras repúblicas pedían la independenciaislam-karimov-uzbekistan, pero Karímov se mantuvo fiel al sistema. En agosto de 1991 pareció apoyar el golpe contra Mijail Gorbachov, pero la realidad se impuso y Karímov tuvo que ir detrás: la URSS se partía y Uzbekistán se declaró independiente el 31 de agosto de 1991.

En diciembre de ese año ganó las elecciones presidenciales de Uzbekistán. Para entonces ya se había dado cuenta de que ser jefe de ese Estado no sería fácil: la oposición proccidental y la islámica estaban en su contra. Karímov no titubeó y reprimió a todo el que protestase, desde los medios o los colectivos sociales. La tortura, las detenciones ilegales y los juicios manipulados se convirtieron en el menú del día. Y en la semilla para más radicalismo violento. En 1999 la capital sufrió una ola de atentados que le hizo adoptar una postura todavía más dura.

Con frecuencia sus propias leyes le estorbaban. En 1995 el mandato presidencial de Karímov fue prorrogado hasta el 2000 a través de un referéndum popular. En el 2000 volvió a ganar las elecciones presidenciales y en virtud de las enmiendas a la Constitución ocupó por siete años el cargo de presidente del país.

En 2007 fue reelegido por otros siete años en unos comicios que fueron denunciados por la oposición como una farsa. La suerte le acompañó hasta el final. El año pasado ganó con el 90% de los votos pese a que los ingentes recursos naturales del país no han servido para detener el éxodo masivo de trabajadores.

Pero su salud ha empañado sus últimos años: peleas familiares y nuevos validos como el jefe de los servicios secretos, Rustam Inoyatov, pusieron en cuestión su control de los resortes del país. Cuando tuvo que poner bajo arresto a su díscola hija (Gulnara, adicta al lujo y a las redes sociales) el apellido familiar se convirtió en símbolo de entretenimiento en lugar de estabilidad. Murió el viernes tras llevar ingresado desde el fin de semana.

Extracto del obituario publicado en la edición de papel de EL MUNDO el 03.09.2016

 

 

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