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Los ‘milenials’ rusos gritan por Navalny

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La estatua de Pushkin mira como cada mañana a la calle Tverskaya -la gran arteria que conduce a la Plaza Roja- pero parece intuir que será un domingo agitado. Las televisiones no decían nada por la mañana de la manifestación convocada sin permiso por la oposición: los incendios de Omsk, los atletas rusos dopados y los ciervos rescatados en Rostov son más importantes que la exclusión de las elecciones de un abogado anticorrupción -Alexei Navalny- que en todo caso no tiene ninguna posibilidad de hacerle sombra al presidente ruso, Vladimir Putin. Agentes de policía rodean el busto del escritor ruso para que ningún descontento ose hacerle compañía en el pedestal: los opositores son cada vez más ágiles. No es que la genética eslava haya mejorado, simplemente los manifestantes son más jóvenes que hace dos años. Los ‘milenials’, que aprendieron a manejar el mando a distancia cuando Putin ya era presidente, son la nueva ‘infantería’ de la disidencia: por eso cada vez se ven menos pancartas impresas pegadas a un palo de madera y más adolescentes encaramados a las farolas retrasmitiendo en ‘streaming’ las proclamas del hartazgo.

“¡Putin ladrón!”, “¡Rusia sin Putin!”. La cantinela trata de renovarse, pero a -6 grados suelen triunfar los ‘hits’ de siempre. Sonriente entre el griterío, Navalny baja la calle Tverskaya dispuesto a ser el hombre del día. Pero justo a la altura de la zona de tiendas un grupo de agentes se abalanza sobre él y lo mete por la fuerza en un autobús policial. La gente grita “¡vergüenza!”

La noticia se propaga en la plaza Pushkin. Pero sorprende que el nombre de Navalny apenas está presente el los gritos. El líder opositor -que será puesto en libertad a última hora de la noche- lleva meses protestando contra su exclusión de las elecciones presidenciales que se celebrarán el 18 de marzo y pide un boicot electoral. Una participación ridícula en ciudades importantes puede deslucir la victoria de Putin y poner en cuestión un sistema que teme un futuro sin su líder.

El presidente ruso de 65 años será reelegido con un resultado histórico de más de dos tercios de los votos, lo que le permitirá permanecer en el Kremlin hasta 2024.

Navalny había convocado marchas en unas 90 ciudades del país la “huelga de los votantes”. En la plaza Pushkin se han congregado ya unas 4.000 personas (1.000, según un comunicado de la policía). Un enorme dispositivo policial pide a los manifestantes que no entorpezcan el paso “a los otros ciudadanos”. Son aquellos que muchas veces se encogen de hombros a la hora de juzgar las alternativas del país: “Putin es la opción seria, no digo que sea la buena, pero el resto son payasos”, zanja Tatiana, que sigue su camino al gimnasio.

La antítesis de los que desde la otra acera pasan sin prestar atención es Evgeni, de 20 años, que se ha presentado con rosas flores como las que en 2011 se intentó popularizar como símbolo de la protesta. Entonces se creyó que podría haber una ‘primavera rusa’ como las de los países árabes. La anexión de Crimea, la ola de patriotismo y el escaso calado social de la oposición muestran que hay Putin para rato. “Demasiada gente sigue interpretando lo que pasa en el país según lo que dice la televisión, que está controlada por el gobierno, pero Internet es más difícil de manejar y por eso lo tendremos a nuestro favor”, dice esperanzado. “Estoy aquí para mostrar que no es justo que Navalny no pueda presentarse a las elecciones”, asegura Alexandra Fedorova, de 27 años. .

Antes del inicio de las protestas, la policía había entrado en el Fondo de Lucha contra la Corrupción, la sede central del movimiento de Navalny , donde interrogó  a las personas que se encontraban en el interior del edificio. El programa del canal de YouTube Navalny Live retransmitió en directo la irrupción por la fuerza de la policía, consiguiendo así un nuevo pico de popularidad. Las fuerzas del orden justificaron su entrada por un aviso de bomba en el edificio. La policía detuvo a varios colaboradores de Navalny y los trasladó a una comisaría. También obligó a salir al resto de las personas que se encontraban en el edificio.

Según la ONG rusa OVD-Info, al menos 180 activistas fueron arrestados en todo el país durante estas manifestaciones. Navalny está formalmente acusado de “violación de los procedimientos relativos a la organización de un evento”. El Ministerio del Interior ruso había advertido de que reprimiría “duramente” las protestas ilegales y en vísperas de las elecciones presidenciales de marzo. Las dos marchas no autorizadas convocadas por Navalny en marzo y junio del pasado año se saldaron con centenares de manifestantes detenidos, en su mayoría en Moscú y San Petersburgo. Pero la oposición se ha aficionado a las protestas ‘ilegales’, porque al poder ser en el centro funcionan mejor. Y si hay detenidos, copan titulares e informativos fuera del país.

Publicado el 29 de enero en la edición impresa de EL MUNDO

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