General, putinistan

Congela tus pecados

Bañarse en agua helada es mejor que pagar por pecados que no has cometido. Mis recuerdos son de un fiestorro en Lituania, la medianoche, el vodka, la sauna… Y al final, al agujero: un boquete en el hielo de un lago helado. Salté una vez. Veo más urgente (y más prudente) contarlo que repetirlo. Pero nunca se sabe.

Este vídeo de Ricardo Marquina va a hacer que se te queden los pies fríos. Si no has tenido suficiente, sigue leyendo.

Hice esta breve pieza para EL MUNDO sobre el tema.

El los segundos previos, mientras se camina descalzo por la nieve, algo de incredulidad por lo que se va a hacer. El primer contacto con el agua es bastante duro, pero llegados a ese punto el cuerpo se ha enfriado ya bastante por la temperatura del aire, así que la diferencia de grados entre los pies recién sumergidos y el resto del cuerpo no es tan grande. A partir de ahí hay que dejarse llevar hasta entrar completamente en el agua. Lo que más recuerda este periodista de su ‘bautismo helado’ es la extraña sensación de estar braceando y pataleando en el agua y notar objetos flotar junto a tu cuerpo como si fuesen corchos, pero son témpanos de hielo que se mueven según te agitas tú.

Se puede leer entera aquí.

Después de beberte  media botella de vodka, no hay heroicidad en nada de lo que hagas. Por eso no abundaré.

¿Por qué este baño a estas alturas, o bajuras, del calendario? La Epifanía, señores. Es una jornada en la que se rememora el bautismo de Jesús por San Juan Bautista en el río Jordán. No sé qué temperatura haría ese día.

Me viene a la mente este cuadro de Aleksander Ivanov, que me encuentro cada vez que paso por la galería Tretyakov: Juan Bautista a lo suyo pero, oh, espera, Jesús viene por ahí y, oh, mira, un rico en el centro se aleja de él, y al lado un esclavo se alegra, y hay, dicen, un cameo de Gogol (que se intentaba parecer a Daniel Utrilla), en una de las caras.

treti

Hablando de este cuadro Ivanov dijo: “A través del sufrimiento ordinario apareció alegría por primera vez”.

De la gélida tortura burbujeando en nuestra valiente zambullida podemos esperar algo más que llegar a fin de mes. Por lo menos que el infierno, del que hemos probado una muestra, nos trate con cariño.

 

 

 

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