La policía rusa detuvo domingo por la mañana a más de 800 personas, entre los que figura el opositor Alexei Navalny, en el transcurso de una manifestación contra la corrupción en las calles del centro de Moscú. La protesta, que no estaba autorizada por el ayuntamiento, había sido calificada de “provocación” por el Kremlin.

 

Más gente que otras veces, muchos estudiantes y menos miedo a la policía. He visto más detenciones arbitrarias que violencia. Pero sobre todo me quedo con la abuela de la última foto, que se puso a aleccionar a los antidisturbios cómo deben comportarse “teniendo en cuenta que están ustedes delante de la estatua de Pushkin”. 

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La abuela que quería que los antidisturbios leyesen a Pushkin

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Adiós a Vladimir Zeldin, el actor más longevo

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Rusia ha perdido a un actor que encarna varias eras y el mundo se ha quedado sin su intérprete más longevo. El 31 de octubre murió a los 101 años de edad el genio de teatro y cine, artista emérito de la URSS, Vladimir Zeldin. Participó en decenas de películas, algunas de ellas clásicos del cine soviético, como ‘Tío Vania’ o ‘Noche de Carnaval’. Era una leyenda del teatro soviético y ruso. Hasta que cayó enfermo, a comienzos del mes pasado, siguió en activo.
 
Durante más de siete décadas, desde 1945, Zeldin formó parte del grupo del Teatro Académico Central del Ejército Ruso, que durante la URSS se llamó Teatro del Ejército Rojo y Teatro del Ejército Soviético.
 
Zeldin era considerado el actor más longevo del mundo. Fue desde luego el primer intérprete  que continuó saliendo a escena superado el siglo de vida. Saltó al estrellato con ‘Se conocieron en Moscú’, una película cuyo rodaje empezó pocos meses antes de la invasión de la Unión Soviética por los nazis. Zeldin tenía entonces 25 años y fue enviado al frente, pero Stalin intervino para que lo trajesen de vuelta a Moscú para terminar la película, que retrataba la idílica vida de unos pastores bajo el orden estalinista, todos ellos aparentemente ajenos a la realidad de las hambrunas que vivió el campo durante los años treinta por las colectivizaciones. Fue tal su implicación con su personaje que los espectadores pensaron que, igual que el pastor que encarnaba, Zeldin provenía de Daguestán.  
 
En realidad Vladimir Zeldin había nacido un 10 de febrero de 1915 en la ciudad de Kozlov (ahora Michurinsk) en la región rusa de Tambov en una familia formada por el músico Mijail Evgenevich y una maestra llamada Anna Nikoleievna Zeldin. Rusia era entonces un viejo imperio regido por el zar Nicolás II (que aquel año se disponía a tomar personalmente el mando del ejército en la Primera Guerra Mundial) cuyo poder estaba siendo carcomido desde dentro por el clérigo Rasputin. Lenin todavía se debatía entre sus libros y cómo tomar el poder y el padre de Zeldin ocultaba su procedencia judía a algunas personas por miedo a las persecuciones. Rusia parecía un país inabarcable, sobre todo para los cambios. 
 
La carrera artística de Zeldin empezó a mediados de la década de los treinta, en el teatro MGSPS, que pasaría a llamarse Teatro Mossoviet. Tras lograr el éxito su gratitud lo empujó a alistarse en el mismo Ejército rojo del que le acababa de librar Stalin. 
 
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Su pasión por las tablas lo convirtió en un gigante del teatro y un símbolo de la cultura de la URSS, pero también en un punto de unión de varias generaciones. Su sonido favorito, dijo una vez, era el frufrú que provenía del roce del telón. 
 
En febrero de 2005 celebró su 90 cumpleaños con el estreno del musical ‘El hombre de la Mancha’, donde hacía de don Quijote y Miguel de Cervantes. Aunque participó en múltiples largometrajes que le dieron la fama a lo largo de toda la URSS, Zeldin siempre sintió que su principal vocación era el teatro, por lo que recibió en 1951 el Premio Stalin y en 1975 el título de artista del Pueblo de la URSS. Publicó un libro de memorias titulado: ‘Mi profesión, Don Quijote‘. En 2016 su nombre fue incluido en Libro Guinness de los Récords por ser el único actor en activo a la edad de cien años. Su último cumpleaños, en febrero, al igual que su centenario, lo celebró actuando sobre las tablas del Teatro del Ejército Ruso.
 
Zeldin falleció la noche del 30 de octubre en el Instituto Sklifosovski. Así lo anunció su viuda, Iveta Kapralova a la emisora radial Govorit Moskva. Durante varias semanas había sido tratado en un hospital militar. Tenía previsto volver al escenario este mes de noviembre. Sobre su longevidad dejó dicho: “La naturaleza me dio mucha energía, y todavía retengo gran parte, pero el secreto de la juventud es otra cosa, es la capacidad de seguir interesándote por todo, mantenerte enamorado de tu profesión y de la vida en todas sus manifestaciones. Así que si no me recuerdan mi edad yo jamás pienso sobre ella”. 
 

(Владимир Михайлович Зельдин. Kozlov, Imperio Ruso – 10 de febrero de 1915 – Moscú, Rusia. 31 de octubre de 2016) Este obituario apareció ayer publicado en EL MUNDO. 

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Congela tus pecados

Bañarse en agua helada es mejor que pagar por pecados que no has cometido. Mis recuerdos son de un fiestorro en Lituania, la medianoche, el vodka, la sauna… Y al final, al agujero: un boquete en el hielo de un lago helado. Salté una vez. Veo más urgente (y más prudente) contarlo que repetirlo. Pero nunca se sabe.

Este vídeo de Ricardo Marquina va a hacer que se te queden los pies fríos. Si no has tenido suficiente, sigue leyendo.

Hice esta breve pieza para EL MUNDO sobre el tema.

El los segundos previos, mientras se camina descalzo por la nieve, algo de incredulidad por lo que se va a hacer. El primer contacto con el agua es bastante duro, pero llegados a ese punto el cuerpo se ha enfriado ya bastante por la temperatura del aire, así que la diferencia de grados entre los pies recién sumergidos y el resto del cuerpo no es tan grande. A partir de ahí hay que dejarse llevar hasta entrar completamente en el agua. Lo que más recuerda este periodista de su ‘bautismo helado’ es la extraña sensación de estar braceando y pataleando en el agua y notar objetos flotar junto a tu cuerpo como si fuesen corchos, pero son témpanos de hielo que se mueven según te agitas tú.

Se puede leer entera aquí.

Después de beberte  media botella de vodka, no hay heroicidad en nada de lo que hagas. Por eso no abundaré.

¿Por qué este baño a estas alturas, o bajuras, del calendario? La Epifanía, señores. Es una jornada en la que se rememora el bautismo de Jesús por San Juan Bautista en el río Jordán. No sé qué temperatura haría ese día.

Me viene a la mente este cuadro de Aleksander Ivanov, que me encuentro cada vez que paso por la galería Tretyakov: Juan Bautista a lo suyo pero, oh, espera, Jesús viene por ahí y, oh, mira, un rico en el centro se aleja de él, y al lado un esclavo se alegra, y hay, dicen, un cameo de Gogol (que se intentaba parecer a Daniel Utrilla), en una de las caras.

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Hablando de este cuadro Ivanov dijo: “A través del sufrimiento ordinario apareció alegría por primera vez”.

De la gélida tortura burbujeando en nuestra valiente zambullida podemos esperar algo más que llegar a fin de mes. Por lo menos que el infierno, del que hemos probado una muestra, nos trate con cariño.

 

 

 

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Una bomba casera pone en guardia al centro de Moscú

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Moscú no quiere ser el siguiente París, y esta noche se ha sobresaltado por un miedo a ataques terroristas que se palpa desde hace semanas. Una explosión se  ha registrado esta noche en el centro de Moscú. Al parecer un artefacto casero ha explotado en el número 19 de la calle Pokrovka, junto a una parada de autobús y delante de un banco. Hay al menos tres personas heridas y la policía ha acordonado la zona.

La agencia TASS ha dado más datos sobre los afectados:

“Dos mujeres han sido llevadas al hospital con heridas fruto de las esquirlas y una tercera persona sufrió cortes menores y fue atendida en el lugar”

Andrei Galiakberov, portavoz del Ministerio del Interior, ha dicho que están trabajando en establecer las causas del ataque. La policía ha iniciado una investigación por vandalismo.

El ataque ha sobresaltado a los vecinos pero sobre todo ha resucitado el fantasma del terrorismo islamista en una ciudad que ha sufrido verdaderas masacres el pasado, con atentados de los terroristas del Cáucaso en el metro, en el aeropuerto y en edificios de apartamentos, además del secuestro en el Teatro Dubrovka en 2002.

Un artefacto explosivo fue lanzado contra un grupo de gente que esperaba en una parada de autobús, dijo un portavoz policial citado por RIA Novosti.

Un chica, empleada de un sex shop situado a pocos metros de la explosión, salió alertada por el estruendo:

“No se apreciaba humo a simple vista, sólo la gente afectada y los coches parados”.

El trafico  en la zona, llena de bares y tiendas, ha quedado cortado incluso en calles adyacentes y los agentes chequean las cámaras de las tiendas y bares en busca de más detalles que aclaren lo ocurrido. Agentes de paisano han subido a las casas y trabajan recogiendo muestras. No está claro si el explosivo se lanzó desde un coche en marcha o desde la ventana de un apartamento cercano.

Ver vídeo.

Todos los países democráticos tienen una relación conflictiva con el terrorismo. Cuando fue derribado sobre el Sinaí el avión de pasajeros ruso muchos periodistas empezamos a apuntar a que el atentado era lo más probable a la luz de las primeras pruebas. Los medios oficiales reaccionaron tachándonos de alarmistas y de estar deseando que se tratase de un atentado. Cuando Putin, aprovechado el shock de la masacre de París, confirmó que el derribo había sido por un ataque, la situación fue la contraria: se reprochó a todo Occidente, no sin algo de razón, que no hubiese enarbolado en su momento el ‘Je suis Rusia’ como se hizo con ‘Je suis Paris’.

Vamos, que una vez más es imposible acertar.

 

 

 

 

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La muerte es el final, pero a veces está muy al principio

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Maldita sea su estampa. No sé todavía de quién, pero maldito sea el culpable de esto.

Es lo que pensaba el domingo mientras escribía la historia de ‘la niña de espaldas’, una pequeña de 10 meses que observa los aviones apoyada en el cristal del aeropuerto de Pulkovo (San Petersburgo). Aparece retratada en una foto que ha dado la vuelta al mundo.

En Rusia es un himno al dolor.

La pequeña se llamaba Darina Gromova y la foto la tomó su madre, Tatiana, hace dos semanas, minutos antes de embarcar a unas vacaciones inolvidables en Egipto. Pero jamás regresaron, ambas murieron al estrellarse su aparato sobre la Península del Sinaí en el vuelo de vuelta. Tras saberse que el avión se partió en el aire, las fotos de las víctimas que están emergiendo en las redes sociales pueden cobrar un perfil especial si se probase que ha sido un atentado terrorista de una filial del Estado Islámico, el grupo armado al que Vladimir Putin declaró la guerra el 30 de septiembre con bombardeos en suelo sirio.

“Pasajera vip #DarinaGromova”, escribió su madre al colgar la foto en la red social VKontakte, la más popular del país, aquel feliz 15 de octubre. La imagen todavía está subida en el perfil de Tatiana, que posa feliz junto a su pareja (Alexei, también fallecido en el siniestro).

La historia completa para EL MUNDO aquí.

Hasta aquí el lamento. Ahora la pregunta necesaria tras cada drama: ¿Quién ha sido? No hay respuestas, sólo titulares. Y por el momento éste es el que está vigente:

La compañía aérea rusa dice que el avión se estrelló a causa de un factor externo

Pero… ¡otra vez pero!… En Egipto, fuentes cercanas a la investigación del accidente han proporcionado una versión enfrentada a la divulgada por Kogalimavia. Un miembro del comité encargado de analizar las cajas negras ha asegurado en declaraciones a Reuters que el avión no recibió un impacto desde el exterior. Sin embargo, ha rehusado proporcionar más detalles del examen aún preliminar de las cajas negras que llevan a cabo expertos egipcio, rusos y franceses en El Cairo. Comparte con la aerolínea la afirmación de que el piloto no hizo una llamada de emergencia antes de que el aparato desapareciera del radar.

Los diversos escenarios los ha explicado desde El Cairo Francisco Carrión en una pieza muy útil para entender qué ha podido pasar: Las tres hipótesis de la tragedia del avión ruso

¿Y qué está pasando en Rusia mientras tanto? Resumiendo, tres cosas:

  1. Que la compañía dice que fue un factor externo (eso lo ha dicho hoy, un día después de que la autoridad aérea rusa dijese además que se partió en el aire)
  2. Los problemas de la compañía, tanto salariales (no parece que afectasen) como técnicos (primero la queja de la viuda del copiloto por las malas condiciones, luego la historia de que el aparato sufrió un desperfecto en un vuelo anterior)
  3. Putin pidiendo objetividad (lo mismo que hizo con el MH17 aún caliente, por cierto)

Para esclarecer el caso, estos tres ingredientes no valen. Y Rusia necesita una respuesta sobre qué ha pasado. La imagen de la peque contemplando de manera tan inocente unos aviones la vamos a tener atragantada mucho tiempo. La muerte no es más que el final, pero no puede aguardar tan al principio.

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No murió, o no murió ahí, o se murió él solo, o vaya usted a saber

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Hoy he redactado una entradilla de esas que sabes que era cuestión de tiempo escribir:

Vadim Kostenko,19 años de edad, el servicio militar recién terminado y destinado en Siria: es, oficialmente, el primer soldado ruso muerto en Siria. La noticia saltó primero en las redes sociales, donde familiares y amigos dieron muestras de duelo. Activistas rusos han difundido el caso, y el Gobierno ruso ha confirmado la muerte, que ha achacado a un suicidio. La familia no se cree tal versión.

Imposible una certeza a día de hoy. Hasta donde hemos podido aclarar en EL MUNDO se puede leer aquí.

Lo poco que he aprendido de la guerra: que es un saco de miserias empapelado en un heroísmo que, cuando rasgas un poco, se te queda entre los dedos. Todo esto no es una conclusión, sino una precaución previa.

Varias lecciones ucranianas sobre lo que va a decir la versión oficial ante la nueva aventura de Rusia en Siria:

  1. Los soldados que dicen que han muerto no han muerto.
  2. Si es verdad que han muerto, no han muerto en ese país.
  3. Si han muerto en ese país no los ha matado el enemigo, sino que se han muerto solos.
  4. Si los han matado no eran reclutas sino soldados de vacaciones que en su tiempo libre se fueron a esa guerra.

Cada vez que alguien adorna con la aureola de héroe algún oficio se me enciende la luz roja, porque tradicionalmente ésta ha sido la manera de edulcorar una actividad mal pagada y en la que el sacrificio es enorme. Sucede con los soldados, con los periodistas y con tantas ocupaciones.

En el caso de EEUU y en el de Rusia hemos visto guerras que se empezaron bajo premisas falsas. Al final, las imágenes son tozudas:

Claro que mucho más tozudo es el resto de la vida con esa gente faltándote en casa.

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Esto es lo que pasa cuando Chewbacca intenta hacer campaña en Ucrania

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En España expulsamos a un rey con unas elecciones municipales, pero los borbones siempre vuelven. En Ucrania el reciclaje es más obsceno y hoy en los comicios locales se dan cita las caras habituales del cementerio, además de algunos personajes La Guerra de las galaxias. 

Sí, sí. En serio. Vamos por parte con los personajes de estas elecciones:

  1. Un presidente, Petro Poroshenko, con la popularidad hundida pero con posibilidades de lograr hoy más concejales que nadie.
  2. Una exprimera ministra, Yulia Timoshenko, que confía en poder sacar por lo menos un brazo de la cripta en la que se metió con su mal resultado en las pasadas municipales. Mejorar la debacle siempre es más fácil que morir de éxito.
  3. El difunto Partido de las Regiones, reencarnado en Partido de la Oposición (visto el nombre uno se hace una idea de sus aspiraciones a tocar poder pronto) que puede demostrar que sigue mandando en el este.
  4. Para completar el cuadro, la policía ucraniana ha detenido en Odessa a Chewbacca cuando llevaba en coche a Darth Vader para hacer campaña en un colegio electoral.

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Es la crónica loca del día y la acabamos de colgar en elmundo.es: La policía ucraniana detiene a Chewbacca mientras hacía campaña

En estas elecciones hay nombres nuevos, y caras viejas con oligarcas comarcales jugando a las damas en la penumbra. Es todo un embrollo, y he intentado aclararlo con un análisis hoy para EL MUNDO donde, por supuesto, se me han quedado un montón de cosas fuera.

Ucrania necesita encarrilar el encaje del Este separatista en el resto del país, pero Rusia también quiere cerrar una herida con Occidente que está lastrando su economía en forma de sanciones. Su impulso al proceso de paz llega en un momento en el que necesita volver a recurrir a los préstamos en el extranjero, pues la caída del precio del petróleo ha debilitado su capacidad presupuestaria. Moscú espera que se levanten pronto las sanciones que limitan su acceso a los mercados de crédito.

Puedes leer el resto aquí: Ucrania elige las piezas del nuevo puzzle de la paz

Dentro de la crónica electoral, otro asunto controvertido del día de hoy ha sido que en Mariupol, la ciudad portuaria de Ucrania, han suspendido las votaciones  por un supuesto cambalache con las papeletas.

Natalia Kachtchi, miembro de la comisión electoral municipal ha dado esta explicación a AFP.

“Los recintos no han abierto en Mariupol porque las papeletas no llegaron a los locales de votación. Hay que aplazar la fecha de los comicios porque los votos tenían irregularidades”

Resulta que las papeletas habían sido impresas en la prensa de un diario controlado por Rinat Ajmetov, buen donante del anterior presidente, el prorruso Victor Yanukovich.

Esta situación de Mariupol no es única. Kiev ha esgrimido razones de seguridad para no organizar las elecciones en 122 localidades que conserva justo en la línea del frente.

Hay gente muy enfadada por esta situación, pero la cuestión de fondo es que los rebeldes han evitado que los territorios que controlan participen en cualquier tipo de elección (presidencial, parlamentaria o local) organizada por Kiev.

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Putin lo peta

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Lo bueno de ser corresponsal es que te despierta cada día una mujer distinta. Hasta ahí la leyenda, porque la realidad es que el codazo suele ser cibernético: un zumbido en el móvil junto a la almohada y el día comienza con una compañera del periódico avisándote de que algo sucede “en tu negociado”. No suele fallar: si no es la guerra, es el presidente. Y algunas veces son las dos cosas.

El líder sirio, Bashar Asad, y el ruso, Vladimir Putin, se dieron la mano en Moscú el martes por la noche. Les hemos visto en las fotos y hemos escuchado al Kremlin hablar de la reunión. Justo después han llegado las encuestas del mes, con un récord: 89,9% de apoyo para Putin. Son buenas cifras, incluso para Putin, que nunca las ha tenido malas.

Cuando los rusos se enteraron de que volvía al Kremlin, la ‘marca Vladimir’ cayó bastante: hasta un 58,8% en 2012. Es aun así un porcentaje muy alto para Mariano Rajoy, pero Rusia no se gobierna con apoyo popular sino con “estupor y temblores” de la élite hacia el que manda. ‘Estupor y temblores’ le suena a mucha gente porque ese el título de una novela de Amélie Nothomb. Resulta que así es como el emperador de Japón exigía que sus súbditos se presentaran ante él. A Putin no le gustan las reverencias: una vez regañó con la mirada a un líder religioso cuando fue a inclinarse. Pero el sistema ahora mismo está hecho para tener un líder fuerte y un montón de gente preocupada alrededor. Suena primitivo pero es eso o el caos.

La reunión de esta semana encierra muchas cosas además de ser la guinda a la imagen de Putin. Entre ellas algunas similitudes con la guerra de Ucrania, aquella que no había que ganar ni perder, sino más bien evitar que ganase Kiev y forzar una negociación como la que se persigue ahora en Siria. Lo he explicado en este artículo publicado hoy en elmundo.es: La guerra en Siria lleva a Putin al cielo. 

Sí, Putin lo está petando en popularidad y sus camisetas de la guerra también. Estuve fisgando en la famosa boutique donde venden con todo desparpajo las camisetas pro Asad.

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La dependienta se pegó a mi culo como si aquello fuese una tienda de chinos. Lo más friki, los muñequitos conmemorando la anexión de Crimea. Confieso que hace tiempo que regalaron uno y lo tengo presidiendo encima del televisor, ese artilugio que no enciendo casi nunca porque cuanto más habla más dudo de que contenga una noticia digna de tal nombre.

El soldadito me vigila y yo lo vigilo a él. Y no se me ocurre mejor metáfora de cómo están las cosas a estas alturas.

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Los hombres que follaban demasiado

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Hace dos años, un grupo de empresarios españoles me invitó a cenar sushi en el centro de Moscú. Cada vez que me toca ser el único periodista en la sala, noto como todos los ojos se posan sobre mi para que conteste una lista de preguntas que con frecuencia se pueden resumir en tres:

  1. Qué pretende realmente Vladimir Putin.
  2. Si está Rusia yendo a mejor o a peor.
  3. Qué hay de cierto sobre eso que se dice sobre tal o cual cosa (inclúyase aquí la anexión, guerra, crisis, ley o cotilleo de moda en ese momento)

El periodista se encoge de hombros y, temiendo no poder reanudar la ingesta hasta una hora después, procede a un perezoso ejercicio de simplificación, aderezado con lugares comunes si ve que los ceños fruncidos de los comensales no acompañan la digresión.

Pero (y esta palabra, ‘¡pero!’, va a ser una constante en este blog) de vez en cuando hay sentado a la mesa algún feliz residente, transplantado con brusquedad e incertidumbre a la llanura eslava pero arraigado y florecido por unos méritos propios y los ocasionales mimos del ecosistema.

-Mira, Xavier, sobre la ley contra la propaganda gay, que además no se llama así, te digo yo que no es una ley contra los gays: es una ley contra los pedófilos.

El tipo era un sevillano alto y gracioso al que no he vuelto a ver. Yo, acodado sobre la mesa, y con un sashimi variado delante de mi, preferí dejar hablar a objetar, dejándome llevar por el alma liberal que llevo dentro y también por el hambre acumulada tras varias horas sin zampar.

Así que nada de preocuparse, pensé con ironía recuperando el pulso a dos carrillos, aquí los gays están tan tranquilos y es todo una rabieta occidental. Después negué la mayor, pero con pocas ganas. Porque ya estaba yo fuera del asunto, fuera de la charla. Andaba ya cavilando que, como apuntaban ciertos indicios claros a simple vista, me encontraba ante un ejemplar de ese tipo de habitantes del planeta Tierra que dan título a este post: los hombres que follaban -o habían follado- demasiado.

Inauguran este blog porque son el espécimen que más ha aportado al antropólogo fracasado que llevo dentro, y me regocijo tanto de haberlos visto en acción como si se tratase de la cola de una ballena blanca saliendo del agua.

Para empezar, somos todos unos animales de tomo y lomo: el hombre lidia con la escasez y el rechazo, y la mujer con la labor de la selección y la reputación. Un asco. Pero en determinados ecosistemas encima han repartido mal las cartas y las variables quedan trastocadas. Ahí nacen los héroes. O los monstruos.

En Rusia hay más mujeres que hombres. Además, hay menos chicos bien parecidos que chicas guapas. Y el nivel de renta de un extranjero redondea estas variables al alza en cualquier parte del país y de toda la vieja URSS. Por esas razones se dice, aunque es cierto sólo con matices, que Rusia, los bálticos, Ucrania y Bielorrusia son un paraíso para nosotros, los hombres heterosexuales en edad de merecer o de haber merecido hace no tanto tiempo.

Como experiencia no está mal. Como dicen: Been there, done that.

Pero la prolongada exposición a ese brillo de la buena suerte tiene algunos efectos, especialmente sobre nuestras convicciones más blandas. Así, el hombre que ha follado demasiado va cambiando su manera de pensar. Porque un país que le ha dado tanto tiene que ser víctima de un complot. Ahí muere el follador, y nace el guerrero comprensivo.

Junto al Volga el agua del grifo sabe a metal pero, aunque te asustan diciendo que padecerás saturnismo, nada malo puede pasarte por probarla en mitad de la noche. En Moscú pasa algo parecido con la leyenda negra de la inseguridad y la mafia: en realidad es una de las ciudades en las que te puedes sentir a salvo, aunque nunca lo llegues a estar. Y el frío y la burocracia son chaparrones que te están esperando pero la mayor parte del tiempo les puedes dar esquinazo. Sí, Rusia son sensaciones que desmienten al miedo. Pero además de eso, hay que saber interpretar las señales.

La primera bielorrusa que conocí era una sílfide rubia capaz de tumbarme bebiendo vodka sentada bajo el hueco de una escalera. Me causó bastante impacto la chiquilla. Dos años después conocí a otra bien distinta: morena, más bajita y normal. Huía de su país porque la policía la había sacado a la calle a empujones y metido en una celda, donde había dormido sobre el cemento durante días por ofender al gobierno con sus textos. Tengo la suerte de ser periodista, y mi trabajo es acceder a gente que no se te acerca normalmente con un vaso de tubo en la mano. La mayor parte de los hombres que han follado demasiado sólo están familiarizados con el primer tipo. Pero para entender la problemática del país es fundamental esa segunda bielorrusa en mi vida.

Con frecuencia me encuentro con ‘expats’ que viven como quieren en estos paraísos eslavos, que militan en una defensa a ultranza de dictaduras o regímenes autoritarios que padecen los que les rodean. Se les identifica porque sus convicciones no son muy fuertes ni universales, y la mano dura que defienden la rechazarían si la ejerciese el Gobierno español. Y lo hacen en parte propulsados por la cantidad de coitos que le deben al nuevo terruño. Proceden de esferas -el mundo de la farmacia, la enseñanza o la exportación- que difícilmente les hubiesen llevado a cuestionarse la democracia en el mundo. Pero si les preguntas te dirán que está todo super limpio y en su sitio, y que las críticas son por vicio. Que hay que “entender” al país, cuando en realidad lo que ha pasado es que por fin los han entendido bien a ellos.

Vladimir Putin, un líder carismático, desempeña el papel de padre severo y macho alfa en el que muchos ‘machos alfalfa’ encuentran guía y autoafirmación. Pero el efecto de la goleada sexual sobre el macho produce mutaciones en la manera de pensar. Porque la cópula suele ser un premio por destacar en el mundo animal. Y la cópula continuada e indiscriminada, sin error ni escasez, produce una autoafirmación y seguridad en sí mismo digna de mejor andamiaje. Es un autoaprendijaze abrupto: lo tradicional y el patriotismo de repente no están tan mal, aunque en España sea de carcas.

Así se santifican los tacones. Se aborrece cualquier tipo de feminismo, incluido el que además de necesario resulta útil. A fuerza de empujar se ha perdido el sentido crítico. Todo está como debe, hasta el siglo XIX que en buena medida impera en el día a día del oasis eslavo: el matrimonio tempranero, el deber de pagar la consumición de la dama, la improbabilidad del pantalón en una chica. Todo lo que antes era viejo, hoy es moderno. Es Occidente el que se ha desnortado con sus libertades, su igualitarismo. Lo auténtico es esto que hemos encontrado aquí, donde los hombres son hombres y las mujeres son de verdad. Oh yeah. 

Y así el hombre que follaba demasiado queda, poco a poco, fuera de cualquier mercado que no sea el mercado trucado, con ofertones e incentivos. Y fruncirá el ceño cuando contemple como los tíos en otros países todavía se lo tienen que currar. Prefiere a las mujeres sin equipaje, que lleguen desnudas, con pocas preguntas y sin aficiones ni iniciativa. Cualquier arista o cualquier pero, cualquier arranque de personalidad o genio por parte de la interesada, cualquier tatuaje en un brazo que no sea el propio es un problema. Porque el hombre que follaba demasiado es ya un pene asustadizo, que necesita faros y pista de aterrizaje para las maniobras de aproximación y cambios constantes en el menú del día. Y fuera de esa charca es fácil que una chica le parezca poco arreglada, marimacho o vieja.

Porque cualquier cosa que no sea una odalisca lo considera acostarse con el barbudo de Pimpinela. El pene consentido es así, y era de esperar. Pero encima resulta que, de tanto entrar y salir, sabe de geopolítica. Y por ese aprendizaje abracadabrante se ha ganado un ticket para ser el primero en montar en este blog.

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